Corregir y motivar: cómo intervenir en el entrenamiento
Lo que separa al entrenador con experiencia del novato no es el ejercicio, es cómo corrige y cómo anima. Cuándo parar el juego, cuántas cosas corregir a la vez, cómo preguntar en vez de dar la respuesta y cómo mantener la motivación.
Linkalde · 2026-10-19
Dos entrenadores pueden preparar la misma sesión, con los mismos ejercicios y el mismo material, y sacar resultados muy distintos. El manual de fútbol juvenil de la FIFA lo explica así: lo que diferencia a los formadores con experiencia de los novatos es su manera de estimular a los jugadores y la calidad de sus correcciones. Es decir, lo que pasa entre que el ejercicio empieza y termina.
La primera sorpresa para muchos entrenadores es cuánto tiempo hay que pasar sin hablar. La FIFA reparte así el trabajo del entrenador durante la sesión:
Cómo se reparte la intervención del entrenador
Antes de corregir, mirar
Mirar bien tiene un orden: primero la visión global (cómo funciona el ejercicio, si el espacio y los grupos son los adecuados) y después la particular (qué hace cada jugador). Muchos errores individuales desaparecen al cambiar la organización: un campo más grande, un rival menos, más balones.
Y hay que mirar con un objetivo. Si la sesión es de juego defensivo, el entrenador corrige el trabajo defensivo y deja pasar lo demás. Quien lo corrige todo acaba sin corregir nada, porque el jugador no sabe a qué hacer caso.
Muévete por el campo. Desde la banda, con los brazos cruzados, se ve el ejercicio pero no al jugador. Entrar al lugar de la acción te permite ver los apoyos, oír lo que se dicen y corregir sin gritar.
Cuándo parar y cómo corregir
La primera duda es si corregir en el momento o esperar. Parar el juego cada dos minutos mata el ritmo y la motivación; no parar nunca deja que el error se repita. La FIFA recomienda no detener el ejercicio demasiado a menudo y elegir la forma de corregir según el caso:
| Forma | Qué es | Cuándo encaja |
|---|---|---|
| Verbal | Una indicación corta, sin parar el juego. | Detalles rápidos: «cabeza arriba», «perfílate», «habla». |
| Gestual | Señalar un espacio o hacer el gesto. | Cuando hay ruido o distancia, o para no cortar la jugada. |
| Intervención directa | Parar, colocar a los jugadores y repetir la situación. | Errores de grupo o de posición que se repiten. |
| Aparte | Sacar un momento al jugador del grupo y animarle a volver a intentarlo. | Un fallo técnico de uno solo que no hace falta que vean todos. |
Jugar, corregir, volver a jugar
La FIFA propone para los jóvenes el método global-analítico-global. Primero se juega, porque el juego mantiene la motivación y se parece al partido. Cuando aparece el error, se aísla un momento lo que falla y se trabaja con más precisión, dejando tiempo para asimilarlo. Y enseguida se vuelve a jugar para comprobar si se aplica. Lo analítico corrige mejor, pero si se alarga desmotiva por repetitivo.
Las reglas de una buena corrección
- No señalar muchos errores a la vez. Uno, como mucho dos, y el más importante primero.
- Ir a lo esencial: lo que dé un acierto inmediato. El jugador que mejora en la siguiente jugada se cree la corrección.
- No ser agresivo, sobre todo en los ejercicios de técnica. Con miedo a fallar, el gesto sale peor.
- Elegir a quién se habla: a todo el equipo si el problema es de todos, o solo a los jugadores implicados.
- Ser convincente, justo y preciso. «Muy bien» no enseña; «muy bien, has mirado antes de recibir» sí.
- Variar el tono de voz. Si todo se dice igual de alto, nada destaca.
- Animar a que el jugador se evalúe solo: «¿qué ha pasado?», «¿qué harías distinto?».
- Recordar la máxima del manual de la FIFA, «de lo bueno, poco»: mejor una indicación corta que un discurso.
Un ejemplo: corregir el tiro
Ante un mal tiro es fácil decir «más fuerte» o «más colocado». El manual de la FIFA desglosa en qué fijarse, y el orden ayuda a encontrar la causa en vez del síntoma:
- La información: ¿ha levantado la cabeza para ver portería y portero?
- La elección: ¿ha usado la superficie adecuada (interior, empeine)?
- Los apoyos: pasos cortos para llegar bien al balón.
- La pierna de apoyo y la posición del cuerpo.
- El pie que golpea, firme, y el paso por encima del balón.
- La dosificación: no siempre hace falta la máxima potencia.
Graba de vez en cuando con el móvil. Ver su propio gesto, o compararlo con el de un jugador profesional, convence al jugador más que cualquier explicación. La FIFA lo recomienda como complemento, bien usado y sin abusar.
Preguntar en vez de dar la respuesta
Cuando se para el juego, la tentación es explicar la solución. Funciona mejor recordar el objetivo, señalar el problema y preguntar: «¿quién se ocupa del que lleva el balón?», «¿qué hacen los demás?», «¿quién se ofrece cuando recuperamos?». Escuchar la respuesta da información al entrenador y hace que el jugador se implique. Si la respuesta no llega, entonces sí: explicar, demostrar y repetir.
Motivar sin gritar
La motivación no sale de las arengas, sale de la sesión. Si el entrenamiento está bien llevado y los jugadores trabajan con intensidad, son ellos los que piden más. Lo que la sostiene:
- La variedad. El mismo circuito a la misma velocidad semana tras semana no mejora el rendimiento y apaga las ganas. Cambia el espacio, las reglas, la forma de puntuar.
- El progreso visible. Subir la dificultad cuando lo hacen bien y que noten que lo consiguen.
- La actitud del entrenador: dinámica, con pasión, pero sin agresividad.
- La libertad para crear. Deja que el jugador con talento pruebe sus propios gestos si son eficaces: la creatividad también motiva.
- El elogio concreto, sobre todo con los jóvenes, y comentarios positivos sin generalizar.
- Animar en los momentos difíciles, pero valorar también el esfuerzo y la buena actitud cuando las cosas salen.
Cuando un jugador se hunde
Es normal que en un partido un jugador encadene varios errores y se venga abajo. La FIFA aconseja pedirle que se conforme con acciones sencillas: un pase corto seguro, un control limpio. No aportan mucho al juego, pero le ayudan a olvidar los errores y a recuperar la confianza. Con la confianza vuelven las acciones difíciles.
Con los pequeños, menos paradas
Por debajo de los 12 años, la FIFA insiste en dejar mucha libertad en el juego, animar a todos y no intervenir con demasiada frecuencia. En la sesión tipo de 90 minutos que propone para esa edad, el partido final es la parte más larga y en ella el entrenador casi no interviene:
Sesión de 90 minutos para menores de 12 años
“La clave para una sesión de alta calidad, para un estado espiritual positivo y para el éxito de las actividades se encuentra en las manos y el corazón del entrenador.”
Bibliografía
- FIFA. Manual para entrenadores. Fédération Internationale de Football Association.
- FIFA. Fútbol juvenil. Manual para entrenadores. Fédération Internationale de Football Association.
- FIFA. Manual de fútbol base (Grassroots). Fédération Internationale de Football Association.