Cómo entrenar la concentración en el fútbol
“Concéntrate” no sirve de nada si el jugador no sabe en qué. Los cuatro tipos de atención que pide un partido, qué la rompe y juegos sencillos para entrenarla desde benjamines.
Linkalde · 2026-10-19
Todos lo hemos dicho desde la banda: “¡atentos!”, “¡concentrados!”. Y casi todos hemos explicado alguna derrota por la falta de concentración de los primeros minutos. Lo curioso es que, aunque la damos por decisiva, casi nunca la entrenamos: esperamos que el jugador la traiga de casa o que la aprenda a base de errores en los partidos.
Concentrarse es poner la atención en lo que importa de la jugada y no dejarse llevar por lo que no importa: el público, una protesta del rival, el árbitro o la propia cabeza diciendo “hoy no me sale nada”. Y es una destreza que se aprende, igual que el pase o el control.
“La concentración es una destreza aprendida.”
No hay una concentración, hay cuatro
Cuando decimos “concéntrate” el jugador no sabe qué hacer, porque la atención se mueve en dos ejes. Uno es la amplitud: a veces hay que mirar muchas cosas a la vez y otras veces una sola. El otro es la dirección: hacia fuera (balón, rivales, compañeros) o hacia dentro (lo que pienso, cómo estoy). Al cruzarlos salen cuatro estilos, y cada momento del partido pide uno distinto:
| Hacia fuera | Hacia dentro | |
|---|---|---|
| Amplia | Leer el juego: salir a la contra viendo compañeros, rivales y espacios a la vez. | Pensar la jugada: decidir qué hacer en un saque de banda o en una falta a favor. |
| Estrecha | Fijarse en un solo punto: la escuadra antes de chutar una falta, el balón en un despeje. | Prepararse: repasar el gesto antes de un penalti, soltar la tensión antes de sacar. |
Esto cambia la instrucción que damos. En vez de “concéntrate”, “mira dónde están tus dos compañeros antes de recibir” (amplia, hacia fuera) o “respira y elige el lado antes de coger carrerilla” (estrecha, hacia dentro). El jugador entiende qué tiene que hacer y el entrenador puede corregirlo.
Con los nervios, cada jugador tira de la atención que mejor domina, aunque no sea la que pide la jugada. Si los nervios suben demasiado, la atención se estrecha sola y aparece el bloqueo: el jugador “no ve” al compañero libre. Por eso la concentración y la calma se entrenan juntas.
Qué la rompe
- Lo de fuera: gritos de la grada, provocaciones del rival, instrucciones del banquillo contrario, un campo o una equipación nuevos.
- Lo de dentro: “lo voy a hacer mal”, “el árbitro va contra nosotros”, notar las piernas pesadas o el corazón a mil.
- Las malas experiencias: el jugador que falló el último penalti llega al siguiente con ese recuerdo encima.
- La frustración y el enfado: quien se queda dándole vueltas a un error deja de seguir el juego durante varias jugadas.
- El cansancio: para estar atento hace falta estar fresco. Con el depósito vacío se pierde antes la atención que las piernas.
Cómo entrenarla en el campo
La idea de fondo es sencilla: si el jugador ya ha vivido en el entrenamiento los estímulos del partido, el día del partido no le despistan. Algunas pautas para meterla en tus sesiones:
- Explícales para qué sirve el juego. Si entienden que están entrenando la atención, se lo toman en serio.
- Empieza despacio y sube la velocidad cuando lo hagan bien. Primero acertar, luego acertar rápido.
- Mete distracciones a propósito: voces, consignas que se cruzan, el entrenador dando órdenes cada vez desde más lejos para que aprendan a distinguir su voz.
- Cambia las señales: una palmada, un color, un número, un balón de otro deporte. Lo nuevo obliga a adaptarse.
- Pocos ejercicios de este tipo por sesión y nunca al final con todos reventados.
- Refuerza en voz alta al que mantiene la atención y pide a los jugadores que inventen variantes: se implican mucho más.
Juegos sencillos que funcionan
| Juego | Qué entrena | Cómo se juega |
|---|---|---|
| Los cambios | Memoria visual | Por parejas: uno observa al otro, se gira, el compañero cambia varios detalles (medias, peto, pelo) y tiene que adivinarlos. |
| El acumulado | Atención y memoria | En fila, cada jugador repite las acciones con balón de los anteriores y añade una. Pierde quien se salta alguna. |
| El perseguidor | Atención a un rival | Uno se mueve con saltos, giros y frenadas; el otro tiene que pegarse a su derecha, izquierda o espalda según diga el entrenador. Es el marcaje en pequeño. |
| El reloj | Tiempo de reacción | Doce jugadores en el círculo central, cada uno una hora. El entrenador dice una hora y esos dos cambian el sitio; si las agujas coinciden, cambian todos. |
| La estatua | Control emocional | Avanzan hacia el entrenador cuando está de espaldas y se quedan quietos cuando se gira. Quien se mueve o se ríe, retrocede. Vale con balón. |
En el partido: rutinas y palabras clave
La concentración también se pierde y se recupera durante el partido. Cuatro herramientas que se pueden enseñar desde infantiles:
- Una palabra clave: “ojos”, “balón”, “siguiente”. El jugador la dice o la piensa para volver a la jugada después de distraerse.
- Convertir el fallo en acierto: después de un error, imaginar el gesto bien hecho en lugar de darle vueltas al fallo. Evita la cadena de errores.
- Rutinas fijas: el mismo calentamiento, la misma forma de colocar el balón antes de una falta. Con el tiempo la rutina activa la concentración sola.
- Hablar en el campo: “yo te cubro”, “tienes tiempo”, “buen pase”. Hablar obliga a estar en el juego y ayuda al compañero.
Ensaya el peor escenario. Si va a llover el domingo, entrena con el campo mojado; si el partido es en un campo con mucho público, mete ruido en el entrenamiento. Lo que ya han vivido no les sorprende.
Cómo saber si mejora
La herramienta más útil es la más simple: dar un balón, no decir nada y observar. En pocos minutos se ve quién sigue el juego y quién se desconecta, quién se hunde tras un error y quién se repone. Si lo miras a menudo y apuntas lo que ves, notarás los cambios de semana en semana y antes de los partidos importantes.
Con jugadores mayores, una charla tranquila aporta mucho, siempre que antes exista confianza. Los test psicológicos de atención o de estado de ánimo existen, pero conviene dejarlos en manos de un psicólogo deportivo.
Bibliografía
- Robles Prieto, F. J. y García García, J. A.. El entrenamiento de la concentración en el fútbol.
- Williams, J. M.. Psicología aplicada al deporte. Biblioteca Nueva.